La internet falsa, un problema de ética, métricas y supervisión

2019-01-11T11:38:15+00:00 By |Tecnología|

Artículo de: enriquedans.com

Minas en la red - La Vanguardia

Albert Molins, de La Vanguardia, se interesó por el artículo que publiqué hace algunos días sobre la internet de la mentira en el que recomendaba el de New York Magazine titulado How much of the internet is fake? Turns out, a lot of it, actually, y me llamó para hablar sobre el tema. Con esos ingredientes y algunos otros, ayer publicó “Minas en la red” (pdf), en el que me cita, y en el que intenta dar cuenta de muchos de los problemas que nos han llevado a la situación actual de falsedad en la red.

Como comenté con Albert, el problema fundamental surge de la sacralización a toda costa de una serie de métricas, y de una profunda falta de ética: hemos convertido un entorno como la red, en principio, mucho más fácilmente cuantificable que su predecesor, en una competición absurda por ver quién es capaz de hacer más trampas para obtener unas métricas más llamativas. Desde el medio que intenta engordar sus páginas vistas mediante refrescos de pantalla no solicitados o comprando tráfico, hasta la marca o el influencer que adquieren seguidores falsos para parecer más grandes, todo en la red se ha prostituido hasta el límite, generando un amplísimo tejido que no produce nada más que mentiras, más que la ilusión de una atención que no existe, y que podría llegar a esa paradoja denominada “the inversion” en el que ese tráfico falso llega a convertirse en más importante que el tráfico real.

El problema está en aceptar que una métrica determinada es buena, desvinculándola completamente de la manera en que ha sido obtenida. Resulta completamente absurdo, pero hemos llegado a un punto en el que lo importante es poder presentar muchas páginas vistas, muchos seguidores o muchos clics sin que aparentemente importe el hecho de que una cantidad creciente de ellos tengan detrás prácticas fraudulentas, granjas de dispositivos en países perdidos o agregaciones de tráfico sin sentido. Detrás de todo ello, las responsabilidades se buscan, como siempre, siguiendo el dinero. Fundamentalmente, malos profesionales: ese director de marketing que contrata una campaña sin plantearse que todas las métricas que le presentan pueden ser falsas porque encuentra el tema “demasiado complicado” como para dedicarse a hacer su propia investigación, que acepta lo que le presenta su agencia de medios sin siquiera planteárselo, y que se dedica a malgastar su presupuesto publicitario en anuncios que nadie ve. La falsedad vive de la falta de ética y de las malas métricas, sí, pero también de la ausencia de supervisión.

El resultado, lógicamente, es un sistema en quiebra, una fiebre del oro en la que únicamente ganan dinero los vendedores de herramientas, un contrasentido con el que resulta fundamental acabar, pero en torno al cual se entretejen muchísimos intereses. Hablar de ello sin tremendismos, sin descartar el todo por las partes, y exponer con objetividad las malas prácticas utilizadas es fundamental para incrementar la cultura sobre el tema, para esperar que en algún tiempo podamos aspirar a que se imponga el sentido común.



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